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2afuentesdeebro

 

MIGUEL

Con tres heridas tú, las tres de muerte,

por más que diste amor y diste vida y

diste el mejor barro del alfar: el de tu

nombre que se haría búcaro para el trigo

y la rosa, que se haría cántaro visitado

por las fuentes, Miguel del pueblo, hijo

del sol de Iberia: el llamado a vivir, el que

tenía que cantar y reír sobre las frondas y

las ondas más claras y las mieses a punto

para el pan.

 Ay, Torquemadas de la más negra

estirpe de lo oscuro cayeron sobre ti,

sobre el pueblo ya sin viento, cayeron con

su grito de castración y odio, con la bilis

del miedo a cuanto es libre y nace de la

raíz más terrestre del cielo, del embrión

más celeste de la tierra como naciste tú,

poeta nuestro, que nos fue arrebatado

igual que el pan o que la dignidad o la

esperanza.

Pero aún estás y cantas, con un ruido

aterrador de alas que se desatan, gavilán

con cadenas quien fue alondra. Pero aún

estás y avivas el rescoldo de nuestro

ciego corazón sin pájaros.

¿Desde qué ramas altas nos arrojas tu

fruta ubérrima, mayoral desnudo? ¿Desde

qué ramas altas de qué árbol nos arrojas

tu fruta para siempre?

“Restitución” de Angel Guinda Premio a las Letras aragonesas 2010

 

 

A La III República

 

En nombre de la sed, el agua, el fuego,
en nombre de la luz y las tinieblas,
en nombre de las nubes y del suelo,
en nombre de la sangre derramada,
que vuelva al pueblo lo que es del pueblo.


En nombre de la paz y la paciencia,
en nombre de la efímero y lo eterno,
en nombre de las piedras y del aire,
que vuelva al pueblo lo que es del pueblo,
en nombre del presente y del futuro.

En nombre de lo mínimo y lo inmenso,
en nombre del silencio más atroz,
en nombre de la fuerza del deseo,
en nombre de las calles y el placer,
que vuelva al pueblo lo que es del pueblo.

Ciegamente, con el puño en el sol,
en nombre del relámpago y del trueno,
en nombre de la historia del dolor,
hablo al destino, pienso, lloro, impreco,
escribo a viva voz. ¡Restitución!

Poema recitado en el acto " Literatura y II República" el pasado 14 de abril de 2011. Poema obtenido de Xlaizquierda.

 

El Holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después

La violencia ejercida durante y después de la Guerra Civil tiene muchas páginas hasta ahora ocultas. El historiador Paul Preston ha profundizado en este tema en

 

Uno de sus libros más esperados. Una investigación que disgustará a muchos por la precisión de sus denuncias

Este es un libro cuya aparición se aguardaba con expectación, al menos en el medio universitario y entre la amplia grey de investigadores que desde hace años han ido poniendo al descubierto las dimensiones cualitativas y cuantitativas de la violencia en la Guerra Civil y en la posguerra. En mi opinión, supera las expectativas.

Paul Preston

No debería sorprender. Se deben a Preston obras fundamentales. Está profundamente familiarizado con la historiografía española desde hace muchos años, lo cual rezuma en esta obra por los cuatro costados. Desde su atalaya del Centro Cañada Blanc sobre la España contemporánea en la London School of Economics sigue al día sus altos y sus bajos. Ha creado el más importante plantel de historiadores sobre España que existe en el extranjero.

El presente libro resume toda una vida. Lo hace desde una perspectiva particular y de síntesis de una inmensa bibliografía pero en la que inserta su profundo conocimiento de la evolución española. Impresiona por su penetración analítica, juicios de valor y fundamentación empírica de un tema que no es agradable. En la España del siglo XXI para muchos, inimaginable.

La obra disgustará a numerosos descendientes del pacto de sangre que militares felones cerraron con sus bases sociales, ya fuese en la clase alta (particularmente en Andalucía, Extremadura, Salamanca y Rioja, es decir, la oligarquía agraria) o con sus adláteres en las clases media y de servicio. Menos aún a quienes crecieron en los loores a una cohorte de guerreros sanguinarios contra su propio pueblo y que constituyeron la espina dorsal del Ejército y de la Guardia Civil de Franco. Tampoco a una jerarquía católica neointegrista que a veces recuerda la de los años treinta, con su incapacidad por separarse de las eternas verdades de Trento. Crispará a historiadores neofranquistas y a algún que otro reputado autor norteamericano. Inevitablemente desagradará a los residuos de los ensueños revolucionarios ya sean anarcosindicalistas, poumistas o comunistas, porque Preston dedica una buena parte a la violencia que, desde abajo, manchó para siempre los estandartes y el honor de los partidos y organizaciones obreros. Unos más que otros. Con los responsables identificados.

Agradará, eso sí, a quienes ven en el pasado una de las claves para comprender el presente. En el LXXV aniversario de la sublevación militar y civil encaja muy bien el que Preston haya profundizado en las raíces del terror, a saber, en las luchas sociales que puntearon el quinquenio 1931-1935, en la arrogancia de una clase incapaz de entender la necesidad del menor cambio y en el desprecio que un sector del Ejército y de los ricachones de la época sentían por la "escoria de la tierra", condenada a una vida en condiciones infrahumanas en espera, eso sí, de que el Señor les recompensara en la próxima.

El trato que Preston da a los manejos de la CEDA (confederación de las derechas) es antológico. Frente a las visiones reduccionistas de una historiografía marcada por el patético deseo de desvirtuar en todo lo posible las intenciones y logros de la conjunción reformista, en 1931 y 1936, la obra muestra cómo en aquel periodo se sentaron las bases para lo que después ocurriría. Ni Gil Robles, ni Lerroux ni personajes siniestros como Salazar Alonso salen bien parados. Mola y sus conmilitones (Queipo de Llano en particular) aparecen como lo que fueron: militares brutales, ignorantes y desbarrados con sus alucinaciones sobre el "peligro" comunista, judaico, masónico, ateo o liberal, bien nutridas por los camelos difundidos por personajes turbios como el padre Tusquets o el corrupto policía Carlavilla.

Me asalta una pregunta. ¿Hará algo la Iglesia católica por elevar si no a los altares al menos a una condición honorable a gente como los padres Santiago Lucas Aramendia, Antonio Bombín Hortelano, Andrés Ares Díaz o Jeromi Alomar Poquet? Todos ellos, y otros, masacrados por militares, carlistas o falangistas tras interceder a favor de condenados a muerte "por auxilio a la rebelión".

Frente a los negacionismos de pandereta que siguen aflorando en la España de nuestros días, y que remozan las "verdades" de la guerra y del franquismo como si no hubiera pasado el tiempo, el libro de Preston, que aparecerá en su versión original inglesa el próximo otoño, difundirá en todo el mundo los horrores made in Spain. Cualitativa y cuantitativamente mucho más brutales, permanentes y extensos en un régimen que, al incidir sobre su propio pueblo, no deja de recordar algo al estalinista con su afición a tergiversar el pasado. Bajo la mirada no intervencionista, eso sí, de las altaneras y orgullosas democracias occidentales.

Una obra, en definitiva, que ratifica la reputación del autor y que debiera ser de lectura obligada no solo para los interesados por nuestro pasado sino, y sobre todo, para los educadores de las generaciones futuras.

QUIEBRA MORAL DE LA ECONOMÍA DE MERCADO

Si la política no recobra su autonomía frente a los mercados financieros y la sociedad no es capaz de manifestar su indignación, no habrá límites a la especulación, la volatilidad financiera y la desigualdad

ANTÓN COSTAS 18/04/2011 El País

 

Uno. Los argumentos económicos son insuficientes para comprender las causas profundas del desastre que estamos viviendo. No solo ha habido "fallos" de la regulación financiera y "errores" de política, como dicen los economistas. Hay algo más intrigante: una quiebra moral del nuevo capitalismo que emergió en los años ochenta del siglo pasado.

Si no se toma en consideración esa quiebra moral es imposible comprender la crisis financiera de 2008. Y, lo que es más importante, tampoco se ven algunos de los destrozos que deja: la deslegitimación social de la economía de mercado; una deslegitimación que abarca a las políticas que están haciendo los Gobiernos.

Es descorazonador ver cómo se utiliza el argumento del too big to fail [demasiado grande para caer] con el fin de justificar el rescate público de los bancos y el mantenimiento del empleo y sueldo a los banqueros, haciendo pagar al resto la factura con sus impuestos y recortes de gastos sociales. Esa "medicina", además de culpabilizar a las víctimas, aumentará la desigualdad.

El riesgo es, entonces, el desprestigio de la política democrática y la aparición de problemas serios de gobernabilidad de nuestras sociedades.

Dos. Para comprender las raíces de esa quiebra moral, es necesario cruzar las fronteras del análisis económico y adentrarse en otras disciplinas que captan mejor los fundamentos éticos de la economía, basados en valores como la confianza, la equidad, la justicia o la buena fe en las relaciones económicas; y las consecuencias negativas de la desigualdad, el fraude, el expolio o la corrupción.

Esa convicción me ha llevado a coordinar un ensayo colectivo que en su propio título expresa esa necesidad: La crisis de 2008. De la economía a la política y más allá, editado en la colección Mediterráneo Económico de Fundación Cajamar (www.mediterraneoeconomico.com). Junto a la opinión de economistas, incluye la de filósofos, sociólogos, historiadores, periodistas, ensayistas y novelistas. Aunque sus miradas son diferentes, la polifonía de voces no desentona. Al contrario, ofrece una visión más comprensiva, en la que las voces de los economistas se ven complementadas por la de otros pensadores y científicos sociales.

Tres. Los economistas ofrecen cuatro tipos de explicaciones, no excluyentes entre sí, que descansan sobre la idea de "fallos", "errores" y "desequilibrios".

La primera, atribuye la burbuja de crédito y la asunción de riesgos a los "fallos" de la desregulación financiera que propició la desaparición del viejo modelo de banca prudente y aburrida, que mantenía el riesgo en su propio balance, y fomentó nuevas prácticas ("innovación financiera") que llevaron a la toma de riesgos excesivos para esparcirlos por todo el globo.

La segunda, se centra en los "errores" de una prolongada política de bajos tipos de interés practicadas en Estados Unidos (para evitar la recesión posterior a la explosión de la burbuja punto.com a inicios del 2000), y en Europa (para intentar sacar a Alemania de su anorexia posintegración).

La tercera se fija en los "desequilibrios globales", que hicieron que algunos grandes exportadores de manufacturas, como China y Alemania, en vez de consumir esos ingresos crearan grandes masas de ahorro (global savings glut) que financiaron la burbuja de crédito en EE UU y en la periferia europea.

Una cuarta explicación vincula la burbuja de crédito y la burbuja inmobiliaria con la desigualdad. Incapaces de hacerle frente mediante políticas redistributivas, los Gobiernos habrían utilizado el crédito barato y las políticas de desgravación a la vivienda para compensar la caída de ingresos de las clases medias y trabajadoras. El hecho de que la burbuja inmobiliaria haya sido más intensa en los países del Atlántico Norte, como España, parece apoyar esa hipótesis.

Cuatro. Los no economistas dirigen la mirada hacia otro lugar. Buscan las raíces de la crisis en una "quiebra moral" de la economía que se habría producido en los años noventa.

Estamos ante un fenómeno intrigante. Algo sucedió en los ochenta que invirtió la tendencia a la reducción de la desigualdad desde la II Guerra Mundial. A partir de los ochenta la distribución de la renta se hizo más desigual. Los ricos, especialmente en el sector financiero, se han hecho cada vez más ricos.

Las causas no están claras. Coincidió con cambios de diverso tipo: tecnológicos (las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones), económicos (la globalización), políticos (caída del muro de Berlín) e ideológicos (aparición de la ideología del mercado libre de trabas). Pero parecen haber tenido más influencia las políticas desreguladoras y la debilitación de instituciones que ejercían un cierto control social, como los sindicatos y los medios de comunicación.

La caída del muro de Berlín y del socialismo jugó un papel decisivo. Paradójicamente, no solo dejó huérfano de fundamento ético al socialismo, sino también al capitalismo. La vieja ideología calvinista, basada en la ética del esfuerzo y la responsabilidad individual, dejó paso a una nueva ideología donde la retórica de las "leyes impersonales del libre mercado" impediría juzgar la conducta de los actores desde una perspectiva moral. Es decir, la lógica del mercado haría desaparecer el libre albedrío y, por tanto, la responsabilidad individual. La economía quedaría así liberada de fundamentos éticos.

Esta falacia dio carta de naturaleza al "nuevo héroe" del capitalismo. Un personaje amoral, desacomplejado, libre de cualquier tipo de cortapisas, que lo quiere todo y ahora, que busca maximizar el valor de la acción y su rentabilidad inmediata, y no a la creación de valor económico a largo plazo. Además, se beneficia del paraguas del llamado "riesgo moral": sabe que las consecuencias negativas de sus acciones no las pagará él, sino la sociedad que vendrá a su rescate.

Los economistas han tenido un papel importante en esa quiebra ética. Aunque saben poco de cómo funciona el mundo real, practican una economía arrogante, basada en supuestos idealizados del comportamiento económico, que han utilizado para apoyar políticas de libre mercado. Solo una economía humilde, que reconozca que sabe poco sobre los mercados financieros, será fuente de progreso y estabilidad.

Cinco. Si es cierta esta quiebra moral de la economía, la pretensión bienintencionada de que corrigiendo los "fallos" de la regulación financiera será suficiente para acabar con las conductas amorales y meter al genio de la inestabilidad financiera dentro de la botella es un wishful thinking, una ilusión interesada.

La evidencia de que es una falsa solución está en la rápida reaparición de las mismas conductas de riesgo y sobresueldos protagonizadas por los responsables de las agencias de rating y de las instituciones financieras que causaron el desastre y fueron rescatadas con dinero público. Causa sonrojo ver la desfachatez con que vuelven a practicar las mismas conductas. No es que sean inmorales, son amorales. Practican un "fraude inocente".

Una salida estable y duradera a la crisis requiere una refundación moral del capitalismo. No creo que necesitemos otro capitalismo, pero sí necesitamos salvar al capitalismo de estos capitalistas. El problema es que la política ha perdido autonomía y capacidad para hacerlo. Causa desazón ver la confesión de impotencia de David Cameron en el Parlamento británico al señalar que su Gobierno no puede hacer nada para frenar esas conductas.

Pero si la política no recobra su autonomía frente a los mercados financieros, y la sociedad no es capaz de manifestar su indignación ante estas conductas, no habrá límites eficaces a la economía especulativa, a la volatilidad financiera y a la desigualdad.

De ser así, el mayor riesgo de la próxima década será la creciente ingobernabilidad de nuestras sociedades democráticas. Algunas señales apuntan ya en esa dirección.

ANTÓN COSTAS 18/04/2011 El País

 

Entrevista a Julián Casanova sobre la Historia del siglo XX en España

ENTREVISTA CON JULIÁN CASANOVA, HISTORIADOR

Si a Julián Casanova (Valdealgorfa, Teruel, 1957) se le pregunta cuál es la misión del historiador alude a una frase de Eric J. Hobsbawm, “uno de los historiadores, todavía vivo, más importantes del siglo XX: somos los ‘recordadores’ profesionales de lo que los ciudadanos desean olvidar. Somos detectives que descubrimos en los restos y voces que nos llegan del pasado, a veces insignificantes, otras muy relevantes, los cambios y continuidades que han acompañado la evolución de los seres humanos”. Con esta mentalidad, en colaboración con su ex alumno (“brillante, le dirigí sus trabajos de investigación: tesis de licenciatura y tesis doctoral”), amigo entrañable y ahora destacado historiador Carlos Gil Andrés, ha publicado ‘Historia de España en el siglo XX’ (Ariel. Barcelona, 2009. 416 páginas) volumen que ya lleva tres ediciones y que define como “un libro manejable que relata los hechos esenciales y explica los cambios y los procesos fundamentales de un siglo intenso, controvertido y extraordinariamente complejo, un siglo fascinante como el siglo XX”. Añade Casanova que, entre otros temas, Gil Andrés y él comparten una preocupación por el cuidado formal, por la narración, por la divulgación de la historia. 

Usted suele decir que esta ‘Historia de España’ es un libro de interpretación, narración y sosiego historiográfico. ¿Podría explicarnos estos criterios? 

La narración sigue el hilo conductor de la historia política y el ritmo de las divisiones cronológicas convencionales para detenerse con más sosiego, al término de cada parte y en el epílogo final, en análisis que plantean y resumen algunas de las reflexiones más interesantes y de los debates más actuales de la historiografía española.

¿Qué quiere decir cuando alude al término narración?

La historia es una fuente esencial para la literatura y los novelistas y los historiadores compartimos muchas miradas al pasado. La diferencia es que los historiadores no podemos inventar, tenemos que someternos a los hechos históricos que nos transmiten las fuentes orales, escritas o visuales. Yo creo en una disciplina de la historia inspirada formalmente, en el cuidado formal de la escritura,  por la forma de construir historias de los grandes narradores. Por eso, para hacer una historia del siglo XX puede ser  muy útil leer a los grandes narradores del siglo: desde Truman Capote a Steinbeck, pasando por Faulkner o Marsé, Barea, Sender y Mendoza en el caso español.

¿Interpretación?

No hay un modo único o definitivo de ver ni de contar la historia. Pero las interpretaciones que quedan, las que dejan poso, son aquellas que pasan los filtros de las discusiones y de los debates entre los historiadores. Para construir una historia de España en el siglo XX  hay que manejar las grandes interpretaciones que hemos hecho, u otros colegas han hecho, sobre el fin del imperio, el sistema político de la Restauración, el significado de las democracias y las dictaduras...

¿En qué consiste el sosiego historiográfico?

Lo dan los años de aprendizaje, de escritura, de dar clases, de viajar y contactar con otras historiografías, la mirada telescópica, en definitiva.

¿Han querido escribir un libro contra los tópicos, como aquello de la anomalía y la fatalidad del país, tal como parece sostener Gerald Brenan, a quien aluden en el prólogo?

Elegimos a Gerald Brenan porque su libro ‘El laberinto español’, publicado en inglés en 1943 y cuya primera edición en castellano la publicó Ruedo Ibérico en París, marcó las enseñanzas de la generación de historiadores que -empezando por Raymond Carr y siguiendo por Gabriel Jackson, Hugh Thomas o Paul Preston- han elaborado una narrativa política y empírica del siglo XX español cargada de belleza y de tesis imaginativas. Todos reconocen que él fue una fuente de inspiración. Brenan además había conocido esa España primitiva, viniendo de Inglaterra, y la vio evolucionar, sufrir, modernizarse, siendo la historia viva del siglo XX. Y además nos permite trazar un paralelismo con Franco, un hombre de su misma generación que atraviesa también, más bien decide, una parte importante del siglo XX español.

 

España entra en el siglo XX en plena crisis: tras la pérdida de las colonias, con la idea de unidad nacional en crisis, con constantes conflictos.

Es verdad que la pérdida de las colonias y esa percepción de crisis abre un debate, con el regeneracionismo en primer plano, en el que parece, en cierta forma, que es un país en ruinas. Pero si se compara con Europa, todo puede matizarse. Francia acaba de pasar un debate que divide todavía más a la nación (el affaire Dreyfus), la mayoría de los países que nos rodean entran en una guerra, en 1914, que va a cambiar de verdad el rumbo de Europa (es la auténtica línea divisoria de la historia del siglo XX), y España se quedó al margen de ese proceso, que fue la gran diferencia entre la historia de España y la de Europa en esos primeros 20 años del siglo XX. De esa guerra salió una revolución, en Rusia, y el comunismo, y el fascismo en Italia, por no hablar del impacto que tiene en la militarización de la política. 

Curiosamente, ya se percibía una necesidad de afianzar la democracia. 

El gran debate del primer tercio del siglo XX en Europa, y en España, es cómo transformar la política, la forma de gobernar, para ajustarse al advenimiento de la sociedad de masas. La Primera Guerra Mundial derribó el viejo orden. A comienzos del siglo XX, todos los imperios (y el de España ya en decadencia) son monarquías, excepto Francia. En 1919, acabada la guerra, todos han desaparecido, salvo Francia y Gran Bretaña, convertidos además en repúblicas democráticas, un proceso que España sigue un poco más tarde, en 1931. El gran fracaso de la monarquía española, como el de las otras que cayeron, fue no saber ensanchar la base política de su dominio, presidir la transición desde un régimen oligárquico a otro más democrático, con todas las restricciones que la democracia tenía en esos momentos y que no podemos ver a la luz del presente.

 ¿En qué consistió la reforma o la revolución desde arriba?

 Es la gran propuesta de José Canalejas, que subió al gobierno en febrero de 1910 y fue asesinado por un anarquista, Manuel Pardiñas, en noviembre de 1912. A la democratización del régimen, Canalejas la llamaba una "República coronada", es decir, seguir el ejemplo británico, reformar desde arriba el sistema, antes de permitir la subversión desde abajo.

 En las tres primeras décadas España va de convulsión en convulsión. ¿Por qué hay tantos conflictos?

Es cierto que a finales de los años diez, comienzos de los veinte, hay una percepción clara de que el sistema político de la Restauración está agotado y que el avance de los sindicalismos y las alternativas obreras (de clase) son una amenaza. El hecho de que se acabe con eso mediante un pronunciamiento militar indica la fuerza que tiene el ejército como guardián del orden público y de las esencias de la Patria. Un ejército, por otro lado, que no ha combatido en la guerra mundial. En ese momento se está forjando el militarismo africanista (que tan bien captan Barea en ‘La forja de un rebelde’ y Sender en ‘Imán’), que al fin y al cabo decidirá la historia en 1936.

  ¿Ha sido la Reforma agraria de las maldiciones de España?

 Uno de los grandes problemas irresueltos, que tuvo que abrir en canal la República y que le complicó enormemente la vida, por la oposición desde arriba desde el principio y por la insatisfacción desde abajo ante la lentitud de la reforma. Pero la reforma agraria era una necesidad económica y social, ineludible para la modernización de España. En la práctica, nunca podía ser radical, a no ser que hubiera una revolución, porque los grandes propietarios, casi todos burgueses, que ya habían comprado tierras desde los procesos desamortizadores del siglo XIX, estaban estrechamente conectados con el aparato del Estado; pero en la teoría, era amenazante, porque se percibía como una revolución hecha en beneficio de los jornaleros, contra la propiedad, que en España tenía también un significado religioso, por la simbiosis entre orden, propiedad y religión (y la forma de percibir a quienes amenazaban ese orden como bolcheviques, ateos y subversivos)

  ¿Cómo valora los cinco años de la II República?

 Una República parlamentaria y constitucional, que acometió la organización del ejército, la separación entre la Iglesia y el Estado y tomó medidas radicales y profundas sobre la distribución de la propiedad de la tierra, los salarios de las clases trabajadoras, la protección laboral y la educación pública. Nunca en la historia de España se había asistido a un período tan intenso (porque eso se hizo todo en los dos primeros años) y acelerado de cambio y conflicto, de avances democráticos y conquistas sociales. Pero al mismo tiempo, la legislación republicana situó en primer plano algunas de las tensiones germinadas durante las dos décadas anteriores con la industrialización, el crecimiento urbano y los conflictos de clase. Se abrió así un abismo entre varios mundos culturales antagónicos, entre católicos practicantes y anticlericales convencidos, amos y trabajadores, Iglesia y Estado, orden y revolución. 

Vivimos una época de feroz desmitificación de ese período. ¿Es para tanto o es un revisionismo interesado?

 La ignorancia es libre y gratuita. Son posiciones políticas en torno a la historia. Cualquier comparación entre la República y lo que vino después, la guerra, el asesinato, la violación sistemática de los derechos humanos, la dictadura de cuarenta años.... deja en muy buen lugar a la República. Igual que puede decirse entre la República de Weimar y Hitler.. El problema es si se piensa que fue la República quien causó la guerra, y no un golpe de Estado, la raíz de todos los males.

 

¿Por qué se produjo y qué significó la Guerra Civil?

 La guerra la causó un golpe militar, que no logró su principal objetivo, hacerse rápidamente con el poder. Porque si eso hubiera pasado, no hubiera habido guerra y lo que se hubiera producido desde el principio hubiera sido una dictadura militar. Como ese golpe no triunfó del todo, pero tampoco fracasó, porque conquistó sus objetivos en amplias zonas del país, lo que hizo fue minar decisivamente la capacidad del Gobierno republicano para mantener el orden y dio paso así a la violencia abierta, sin precedentes, de los grupos que lo apoyaron y de los que se opusieron. Así comenzó la guerra civil. Si vemos la historia de Europa, la República tenía escasísimas posibilidades de sobrevivir, porque todas las demás repúblicas y democracias que emergieron de la caída de las monarquías desde 1918 acabaron derribadas por reacciones derechistas o fascistas. Pero la guerra civil sólo se entiende por ese golpe militar. Sin ese golpe, que es el que divide al ejército y al aparato del Estado, hubieran podido pasar otras cosas (y entre ellas, casi con toda seguridad, la muerte de la República), pero no una guerra civil.

 Esa guerra civil se convierte muy pronto en internacional, resume todas las batallas que tenía planteadas la sociedad europea en ese momento: guerra de clases, guerra de religión, guerra en torno a la idea de la nación y de la patria, guerra de credos. En la guerra civil española cristalizaron en suma batallas universales del momento y por eso está cargada de símbolos y mitos para muchos ciudadanos del mundo. Para los españoles, sin embargo, ha pasado a la historia por la tremenda violencia y deshumanización del contrario que generó.

Aragón fue un escenario capital: Belchite, el frente de Huesca, la batalla de Teruel, la batalla del Ebro...

 Aragón resume la guerra civil, partido en dos como España, con la revolución más destructiva, las colectivizaciones y el Consejo de Aragón  y el fascismo más radical, de exterminio del contrario, y con un frente de guerra que, sobre todo en la batalla de Aragón de marzo de 1938, marcó la contienda. Y ahí está Teruel, claro, la única capital de provincia conquistada por los republicanos en toda la guerra, Belchite, el frente de Huesca y Orwell, la batalla del Ebro...

¿Cuál es su retrato de Franco?

 Combina la esencia de la tradición conservadora, el militarismo africanista y un nacionalismo radical que bebe, aunque no él directamente, de las nuevas corrientes fascistas. Manejó bien diferentes máscaras, como Preston ha demostrado en su biografría, los vientos de la historia (y del azar, si se valoran muertes como la de Mola, José Antonio Primo de Rivero o Sanjurjo) estuvieron a su favor hasta 1945 y tuvo la bendición y el apoyo eclesiásticos en los momentos decisivos para mantenerse en el poder.  Todo lo que ocurrió en España entre 1945  (final de la Segunda Guerra Mundial) y 1975 (muerte de Franco) separó la historia de España de la de Europa, demasiados años. 

Tomo esta foto del blog de Juan Gavasa. Sobran las palabras...

En el libro aparece un análisis exhaustivo de la larga duración de la dictadura: la represión, los apoyos internacionales, la simbiosis entre el Caudillo y la Iglesia católica, los amplios apoyos sociales que tuvo, pero sobre todo el contar con un ejército unido, salido de una guerra civil, hasta el final. La división de la oposición al franquismo tampoco ayudó.

Transición y Autonomía. ¿Cómo hemos jugado ese papel?

  A la luz de la historia, de lo que ocurrió, de cómo y por qué ocurrió y de lo que podría haber ocurrido, la transición a la democracia es el triunfo de la luz y de la razón frente a la oscuridad anterior. El sueño de los regeneracionistas de comienzos de siglo se cumple al final, demasiados años después, pero se cumple. Pero no fue un proceso sólo pactado, protagonizado desde arriba... La transición tuvo legados difíciles de cambiar y cambios que hubieran sido imposibles si el proceso lo hubieran protagonizado únicamente las elites que venían de la larga dictadura.

 

 

DESPIECE:

MEMORIA DE LA TRANSICIÓN, PRESENTE Y FUTURO

 

Asistimos a la vindicación, y casi entronización de Adolfo Suárez, ¿le parece justa?

 Ajdolfo Suárez es uno de los personajes fundamentales de esa transición, porque supo desvincularse de las ideas franquistas para negociar, básicamente con quienes habían sido hasta ese momento compañeros de viaje en la dictadura, el contenido de las reformas. Eso lo hizo muy bien, porque además conocía a la perfección los entresijos del régimen y sobre todo sabía cómo manejar los tiempos de la negociación y de la comunicación. Su papel en el control de los medios de comunicación en esos años, sobre todo de TVE, de la que había sido ya director, fue fundamental.

¿No fue un presidente demasiado efímero? 

Es cierto. Es un personaje que dura poco en esa historia, menos de cinco años, y cuyo partido y proyecto se desmoronan de forma acelerada en los últimos meses de 1980, contribuyendo a la inestabilidad y crisis, hasta desembocar en el intento de golpe de Estado de febrero de 1981. No creo que merezca esa entronización, aunque es muy difícil no asignarle un papel positivo en toda esa historia. 

¿Cómo juzgará la historia a Felipe González?

 No emplearía ese término, juzgar. Pero Felipe González, desde el balance histórico, es uno de los personajes más importantes del siglo XX español. Catorce años en el poder, legitimado una y otra vez por elecciones libres, con amplios apoyos sociales y con un proyecto de reformas, con el aire de Europa a su favor, que conectaba claramente con todas esas esperanzas rotas tantas veces por la violencia durante el siglo XX: modernizar España, integrarla en Europa, hacer ciudadanos libres, redistribuir mejor la riqueza. En el balance que la historia ya hace y pueda hacer en el futuro también aparecerá el GAL, la corrupción, la importancia de los amigos políticos, pero en cualquier comparación con lo anterior y con lo posterior siempre saldrá beneficiado. Y sobre todo si se valora que es el único presidente de gobierno de la historia de España del siglo XX que tuvo proyección internacional, preocupado por la política internacional, que la conocía y le conocían. Por no hablar de su capacidad de comunicación y debate, esencia de la política, valores que, sin embargo, pocos políticos tienen o aprenden.

Volvemos a vivir en un momento convulso, dramático. ¿Cómo lo defines: es peligroso, preocupante, hemos regresado al pasado?

 No es un regreso al pasado, en absoluto. Lo preocupante es que con lo modernos que somos, o que creíamos ser, esa modernización no se plasme en una cultura cívica mayor. Hace falta transmitir mejor los valores del diálogo, la libertad y la integridad. Están fallando los políticos, pero también los educadores y los medios de comunicación. Pero también hay mucha gente que está trabajando para que esa parte más peligrosa no se convierta en fatalidad. Y estamos entre los privilegiados del mundo, afortunadamente, aunque eso no garantiza todo.

 ¿Por qué cuesta tanto aceptar que España es un país plurilingüe, con diversos rasgos de identidad, y por qué le cuesta tanto al nacionalismo aceptar una idea global de gobierno y aún de país?

 Ese conflicto resume la historia del siglo XX. Y sólo ha resultado bien cuando el centro y la periferia se han entendido. No hay en Europa occidental otro país con tantas lenguas y culturas diferentes. Y eso nos ha hecho más fuertes, cuando se ha utilizado en la buena dirección, aunque queda ETA, el único legado funesto que viene del siglo XX, de la dictadura en realidad, y demasiados malos entendidos en torno al nacionalismo vasco o catalán. Yo creo, vista la historia de las últimas décadas, que ese país plurilingüe puede funcionar, a no ser que algunos se empeñen en sacar a pasear las esencias patrias o los mitos nacionales/nacionalistas.

 ¿Podría resumirnos los personajes claves del libro y de la historia de España?

Personajes que decidieron la historia por la fuerza, como Primo de Rivera o Francisco Franco; personajes que tenían un proyecto reformista y no pudieron acometerlo (como José Canalejas); personajes que tuvieron tiempo, aunque limitado, para emprender reformas y cambios sustanciales (como Manuel Azaña); y personajes que aparecen ya en color en la fotografía, triunfantes después de tantas batallas anteriores (como Adolfo Suárez, Felipe González o el rey Juan Carlos). Pero además de esos nombres propios, la historia de España tuvo otros protagonistas: las decenas de miles de personas que murieron en el exilio y que nunca pudieron volver a su país. ¿Cómo hubiera sido una España con libertades y con la aportación de todos  esos intelectuales, científicos, profesionales, que nunca pudieron volver? Todos los presidentes de gobierno de la República, salvo Lerroux, y los dos presidentes que tuvo ese régimen, en paz y en guerra, murieron en el exilio.

 

*Esta entrevista se publicó el pasado jueves en el suplemento 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón. Las dos primeras fotos son de Robert Capa.

La Revolución de octubre de 1934

 

            Este año, como consecuencia de la entrada de 3 ministros de la C.E.D.A., en el gobierno radical de Lerroux, se produjo un movimiento revolucionario. La respuesta de todas las fuerzas republicanas de España, con la lógica excepción de los radicales, al nuevo Gobierno fue fulminante y unánime. Todos declararon que la entrada de la C.E.D.A. en el gobierno era un asalto directo a la esencia de la República. Los socialistas creían que el nuevo Gabinete iba a consolidar la tendencia hacia un gobierno autoritario y reaccionario. Los socialistas no estaban solos en sus apreciaciones sobre la C.E.D.A. La Izquierda Republicana de Azaña declaró: " El hecho monstruoso de entregar el gobierno de la República a sus enemigos es una traición ", y por ello rompió con las instituciones del régimen. Una nota similar de Unión Republicana de  Martínez Barrio se refería a la falsificación de la República. En la misma línea se manifestaba el partido Republicano Conservador de Miguel Maura, que era de todo menos de izquierdas, y que había formado coaliciones electorales con la C.E.D.A. en las elecciones de noviembre de 1933. En su comunicado se decía que " la política de entrega de la República a sus enemigos declarados y encubiertos estaba engendrando la guerra civil." Es imposible exagerar la importancia del momento. Los partidos, que se opusieron a la entrada en el Gobierno de la C.E.D.A., iban a ser los mismos que resistieron el levantamiento militar de 1.936 y viceversa.

            La división en 1934, como lo sería en 1.936, era entre los que deseaban una República reformadora de las estructuras socio-económicas represivas del régimen anterior y los que pretendían mantenerlas..

            La decisión de defender el concepto de República, desarrollado entre 1931-33, era la fuerza motriz de los acontecimientos de 1.934. Las consecuencias inmediatas de la entrada de la C.E.D.A en el Gobierno, fueron la existencia durante 10 horas de una República catalana independiente, una huelga general desordenada en Madrid; y el establecimiento de una comuna de trabajadores en Asturias. Con la excepción de la revuelta de Asturias, que se mantuvo durante dos semanas de lucha feroz y que debió su éxito al terreno montañoso y a la destreza de los mineros, la tónica general del octubre español fue la falta de coordinación y entusiasmo. Sea como fuere el movimiento revolucionario fue cruelmente sofocado por Franco especialmente.

            El balance de la sangre de octubre en Asturias fue muy duro: 1.051 muertos y 2.051 heridos " paisanos "; 284 muertos de la fuerza pública y ejército ( de ellos, 100 de la Guardia Civil ) y 900 heridos. Es obvio que millares de heridos de menor consideración entre los revolucionarios, escaparon al control de los datos oficiales, que se han utilizado. Además estas cifras se agrandaron a causa de la represión posterior( militar, policial y anti-guerrilla), de los fusilamientos sin formación de causa en el cuartel de Pelayo. Unamuno, Machado, Valle-Inclán, Besteiro fueron los primeros en protestar por estas medidas tan represivas.

 

Discurso de Clara Campoamor en las Cortes 1 de octubre de 1931

Este es el discurso de Clara Campoamor ante las cortes de la 2ª República española tras el cual éstas decidían conceder el derecho al voto a la mujer en España. Hoy hace, de ello, 75 años.

 

 

Discurso de Clara Campoamor en las Cortes el 1 de octubre de 1931

 

Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.

Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?

¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis –fijaos bien– afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.

No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto –que en España existe– no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio –cosa dolorosa para un abogado–, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.

Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.

Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer.

A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.

Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.

Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.
No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.

Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.

Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española.

 

Una de sus frases más famosas es:

 

«He trabajado para que en este país los hombres encuentren a las mujeres en todas partes y no sólo donde ellos vayan a buscarlas».

Elecciones Generales en tiempos de la II República

Cortes constituyentes junio 1931

 

Los partidos del turno desaparecen. Las derechas están desorganizadas, excepto los carlistas en sus áreas de apoyo como Navarra y Vascongadas y el PNV en estas últimas.

El PSOE y la UGT habían crecido durante la Dictadura aprovechando su pacto con Primo de Rivera y que éste reprime el terrorismo de un sector de la CNT, que son sus competidores.

Se refiere a la situación parlamentaria a raíz de las elecciones de 1931.
Esta situación parlamentaria durará hasta las elecciones de 1933, que producirán un vuelco electoral.

SITUACIÓN PARLAMENTARIA RESULTANTE DE LAS ELECCIONES DE 1931:

En las Cortes Constituyentes quedan como partidos grandes sólo dos

  • el Partido Socialista con 115 diputados, izquierdista,
    dominado como sector mayoritario por el de Largo Caballero, que se proclamaba marxista.
  • el Partido Radical de Lerroux con 94 diputados, el partido republicano grande e histórico, situado ahora como centrista, porque se había ido suavizando su violenta demagogia y porque habían ido apareciendo otras organizaciones a su izquierda. Cada vez más marginado, se iría distanciando de los izquierdistas

Los republicanos de izquierda son partidos pequeños:

  • 59 del Partido Radical-Socialista (izquierdas burguesas),
  • 30 de Acción Republicana de Azaña
  • y 16 de la ORGA republicana gallega de Casares Quiroga, organización homóloga a la de Azaña,
  • 16 de la Agrupación al Servicio de la República de Ortega y Gasset,
  • y 35 de Esquerra Republicana, que barre a la Lliga en Cataluña.

Irán quedando marginados

  • los 22 de la Derecha Republicana de Alcalá Zamora y Maura, que se declaraban católicos.

Y mucho más marginados por ser derechistas

  • los 3 de la Lliga,
  • los 26 Agrarios,
  • y los 14 de la Minoría Vasco-navarra en la que coexistían los carlistas con los del PNV.

 

 

 ELECCIONES  GENERALES  A  CORTES  DE NOVIEMBRE DE 1933


 

 

            Las elecciones se llevaron a cabo por primera vez el 19 de noviembre; en las circunscripciones, que ninguna candidatura alcanzó el 40% de los votos, fue necesaria una segunda vuelta. Los resultados de esta encarnizada lucha electoral pueden valorarse por el número de votos emitidos y por el de escaños. En estos últimos fue clara la mayoría de centro-derecha, en cambio por el número de votos los resultados entre derecha e izquierdas anduvieron bastante equilibrados. De todas las maneras los resultados por escaños fueron los siguientes:

 

            La Derecha obtuvo 227 diputados : CEDA, 115; Agrarios, 36; Renovación y Tradicionalistas, 35; Varios, 17; y la Lliga, 24.

            El Centro con 154 diputados: Radicales, 102; Conservadores republicanos ( Miguel Maura ), 18; Progresistas, 3; Liberales Demócratas de Melquíades älvarez, 9; y el Partido Nacionalista Vasco, 12.

            La Izquierda con 101 diputados: PSOE, 61; Unión Socialista de Cataluña, 3; Acción Republicana, 5; Radical-Socialistas de Gordón, 1; Radical-Socialistas de Marcelino Domingo, 4; ORGA, 6; Esquerra, 19; Partido Comunista, 1; y Partido Federal, 1.

 

            El reparto de los puestos en las Cortes no se correspondían con el número de votantes. Este hecho se debía a la ley electoral, que beneficiaba a las mayorías ( la minoría solo guardaba el 20% de los puestos) y las alianzas en la segunda vuelta desvirtuó mucho el voto; en concreto, el PSOE  obtuvo solo las minorías en provincias, en las que era claramente el primer partido, como Granada, Jaén, Badajoz, Córdoba, Asturias y Cáceres.

            De una manera aproximada los votos se repartieron así:

 

                        Derecha:    3.365.700

                        Centro:       2.051.500

                        Izquierda:   3.118.000

 

            En Aragón había 4 circunscripciones electorales; 3 por cada una de las provincias y la cuarta por Zaragoza-Capital. A las provincias de Huesca y Teruel les correspondían 5 puestos en cada una; a la de Zaragoza 7. A Zaragoza-Capital le pertenecían 4 diputados. En total para todo Aragón eran 21 diputados.

            Teruel obtuvo 4 la Unión de Derechas( formada por una coalición de Acción Popular Agraria y del Bloque Agrario Turolense), y la Candidatura republicana de Centro 1 puesto.

            Huesca alcanzó resultados iguales, 4 puestos fueron para la Unión de Derechas y 1 para el Partido Radical.

            Zaragoza-Provincia tuvo 5 para la Unión de Derechas y 2 para los Radicales.

             En Zaragoza-Capital el reparto fue: 3 puestos para la Unión de Derechas y 1 para los Radicales.

            Los resultados a nivel regional son muy claros con un triunfo espectacular de la Derecha  con 16 diputados y el Centro con 5.

 

 

 

ELECCIONES  GENERALES  A  CORTES   DE  FEBRERO  DE  1.936.

 

       Las elecciones de febrero de 1936 se presentaron como una lucha nítida entre el Frente Popular y el Frente Antirrevolucionario.

El primero estaba formado por Izquierda Republicana, Unión Republicana, Partido Socialista, UGT, Partido Comunista, Juventudes Socialistas, Partido Sindicalista y POUM. En Cataluña se formó un Front d’ Esquerres con Esquerra, Acció Catalana Republicana, Partit Nacionalista Republicà Català, Unió Socialista de Catalunya y todas las organizaciones que habían formado Alianza Obrera.

Las negociaciones para formar el Frente Antirrevolucionario fueron difíciles, pero se alcanzaron candidaturas únicas de la CEDA, los monárquicos y los tradicionalistas. Además, la CEDA negociaba alianzas con radicales y centro. La Lliga entró también en la coalición. Las negociaciones con la Falange fracasaron, a pesar de unas entrevistas entre Gil Roblés y José Antonio Primo de Rivera.

Los nacionalistas vascos presentaron candidaturas aparte, a pesar de que el Vaticano presionó para que se sumaran a la coalición de derechas.

La campaña electoral fue muy dura y encarnizada, por el alto nivel de movilización política alcanzado, al pensar todo el electorado que los momentos eran críticos para España. Los resultados fueron muy reñidos en cuanto al número de votos, no en cuanto al de escaños. Esto se explicaba por la ley electoral que beneficiaba a las mayorías. Votaron según Tussell 9.864.783, lo que dio una participación electoral del 72%, hasta entonces la mayor en la historia de España.  Los resultados fueron estos:

 

Frente Popular:         4.654.116   votos.

Centro:                       400.901      "

Nacionalistas Vascos:125.714      "

Derecha:                  4.503.524      "

 

            De mayor a menor representación estos fueron los grupos políticos: Socialistas, 99; CEDA, 88; Izquierda Republicana, 87; Unión Republicana, 39; Esquerra de Cataluña, 36; Comunistas, 17; Centro, 16; Bloque Nacional, 13; Lliga, 12; Agrarios, 11; Nacionalistas Vascos, 10; Independientes, 10; Tradicionalistas, 9; Progresistas, 6; Radicales, 4; Republicanos Conservadores, 3; Independientes de Derecha, 3; Mesócratas, 1; Varios, 6; Vacantes, 3. Total: 473.

            Clasificados por grandes grupos políticos eran: Izquierda, 286; Derecha, 132; Centro, 42; Nacionalistas Vascos, 10.

            En Aragón la participación fue algo inferior a la media estatal. Frente al 72% de España, la aragonesa fue del 70,5%. Por provincias en Huesca votaron el 66,17%; en Teruel, el 67,73%; en Zaragoza-Provincia, el 74,39%; y en Zaragoza-Capital, el 73,29%.

            En estas elecciones Teruel perdió un diputado, por lo tanto al total de la región pertenecían 20 escaños.

 En Huesca, 4 puestos fueron para el Frente Popular y 1 para la CEDA. Frente Anterrevolucionario.

En Teruel  2 puestos fueron para la CEDA. Frente Antirrevolucionario, y otros 2 para el Frente Popular.

En Zaragoza-Provincia 5 puestos fueron de la CEDA. Frente Antirrevol., y 2 para el Frente Popular.

En Zaragoza-Capital 3 fueron para el Frente Popular y 1 para la CEDA.Frente Antirrevolucionario.

En Aragón, como acabamos de ver, 11 escaños fueron para las Izquierdas y 9 para las Derechas. Comparando con las elecciones de 1.933 se produjo un crecimiento importante del voto de izquierdas, y logró conservar la derecha su peso en Teruel, con una pequeño descenso.